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:: miércoles 12 de junio 2002
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Reflexión personal
Continuaré
exponiendo reflexiones que vienen a cuento a partir de observar la dinámica
de ensayos.
Es falso afirmar que es imposible comentar un texto
de Beckett. Una mentira como un templo. Paradójicamente Samuel
Beckett es el artista de la claridad, es el escritor de la transparencia.
Sus textos son, a la vez, de lo más comprensible. Lo que pasa es
que nuestra realidad, nuestra percepción de ella, la de nosotros
como lectores de él, nos nubla.
Nos obnubila.
Molesta.
Hemos de partir de cero, como muchos de sus mutilados. Tenemos que atrevernos
a mojarnos en su río, y bucear en él como lo haríamos
en la conversación que nos brindara un buen amigo, de los que realmente
nos complican nuestra vida haciéndola más placentera.
Partir de cero significa, en primer lugar, vaciar la mente de prejuicios;
y, en segundo, liberarla del deber de tener que juzgar lo que se ha visto
leído, comprendido.
Esta es la propuesta de Beckett, no solo en este texto sino en el conjunto
de su obra: no tenemos por qué juzgar.
No pasa nada.
No hay nada.
Somos bien poco.
Por qué actuar.
Por qué explorar.
Por qué preguntarse por lo que pasa, por lo que pasó.
Lo asombroso es que no se nos esté diciendo debéis hacer
esto, o no hacer lo otro. Siempre podremos seguir haciéndolo,
seguir preguntándonos, seguir dudando. De lo que se nos informa
es de lo que no solemos hacer, de lo que solemos obviar gracias a nuestros
prejuicios. Porque la realidad es un prejuicio. Lo prueba el hecho de
que nos lo esté diciendo alguien que ha realizado todo esto,
ha conducido estas preguntas hasta sus límites, se ha paseado por
las fronteras de la nada sin pagar los aranceles que son la muerte, y
se ha acercado a la extinción. Lo asombroso es que no nos lo esté
diciendo un nihilista, un analfabeto que desprecie la cultura, sino uno
de los hombres más leídos, más profundos, más
rabiosamente cultos (así lo demuestra la abundante documentación
que se evidencia tras esta prosa). Pero ni siquiera eso sabemos.
Podría ser una erudición más o menos ficticia, o
multiplicada mediante la palabra.
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